perdona

 

No son solo las personas o las experiencias que nos hacen sufrir, sino la percepción que tenemos, los juicios que formulamos, lo que despiertan en nuestro sentir y la activación de dolores antiguos que guardamos perdidos en la memoria.

Cuando los pensamientos sobre una situación o una persona empiezan a arrastrarnos, esta situación se transforma en sufrimiento porque empieza a habitar en nuestro interior, nos identificamos con el dolor que causa, empieza la peor de las batallas, la batalla interior.

Cuando la batalla interior se inicia perdemos la paz, la alegría, el bienestar, nos llenamos de emociones dañinas como rabia, hostilidad, rencor, desilusión, en suma sufrimiento que nos envenena por dentro.

Cuando el dolor, la rabia, el odio, la hostilidad y todas las emociones que nos llevan a no poder olvidar lo que nos ha pasado nos arrastra, es el perdón a uno mismo y al otro el mejor antídoto que podemos utilizar.

Todo las situaciones que todavía nos hacen sufrir, que no hemos aceptado y perdonado nos llevan de vuelta al pasado, hacen que no podamos vivir en el presente plenamente, su energía sigue vibrando, ese dolor nos bloquea, nos debilita, provoca malestar.

 

perdonar el pasado

 

Perdonar no significa olvidar, ni tener que seguir admitiendo las mismas actitudes que nos llevaron a sentirnos mal, sino que hemos comprendido, aceptado y tomado una decisión respecto a un hecho que nos ha resultado doloroso.

Cuando perdonamos, dejamos de lado el ego, el deseo de venganza o mal, dejamos de sentir dentro nuestro que tenemos algo sin resolver, un asunto pendiente con esa persona, o con uno mismo, esto que no solucionamos es algo que puede interferir en nuestro futuro bienestar.

Pedir perdón es un acto de madurez: reconocer dónde, por qué, cómo y cuándo se hizo daño; qué significó ese daño para la otra persona y, lo más importante, reparar lo que es responsabilidad de quien causó el dolor, no de quien lo sufrió, presentar un propósito de enmienda sincero, de corazón a corazón y cumplirlo. Antes de exigir a la persona afectada que perdone, se debe rectificar y asumir el daño causado.

A veces, cuando pedimos perdón cometemos algunos errores. Pedir perdón con la intención de que la persona dañada se olvide, aquí no ha pasado nada; también pedirlo sin la más mínima intención de reparar el daño. Es importante tener presente que debemos asumir con responsabilidad nuestros errores, aceptando la realidad, aun cuando no nos agrada.

Perdonar también implica perdonarse a uno mismo, este perdón, muchas veces es el más difícil de asumir, podemos ser flexibles con todos pero nos cuesta ser con nosotros, nos cuesta aceptarnos con nuestras luces y sombras, aceptar nuestros errores, aceptar que no somos perfectos.

Perdonarnos a nosotros mismos es el comienzo de reencontrarnos con nuestra esencia, dialogar con nuestra alma, escucharnos con amor, aceptarnos, comprendernos, fortalecer nuestra autoestima y seguridad.

Suelta aquello que te envenena por dentro, deja tus heridas cicatrizar, acepta, comprende, perdona así te sentirás libre para elegir caminos que te lleven por paisajes coloridos de amor, paz interior, bienestar y armonía.

Paola Ostrowicz Fischman
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